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Aquí tenemos un mecanismo
sutil, muy importante y muy delicado.
El Amor, que es la energía más
poderosa del universo, tiene, en el hombre, una compuerta tan frágil
como las alas de una mariposa, que debemos tratarla con la delicadeza con
que tratamos a un bebé.
Esa compuerta es la confianza.
El Amor comienza a expresarse libremente
en nosotros cuando podemos confiar. Cuando vemos que el otro nos acepta
como somos, cuando vemos que el otro es bueno, cuando nos sentimos identificados
y no lo vemos como algo extraño. También, a veces, buscamos
proyectar en el otro virtudes, idealizando su belleza, su inteligencia,
su bondad. Nos engañamos ocultándonos los detalles que no
concuerdan con lo que queremos ver. Inconcientemente suponemos: "si el
otro es tan perfecto, no nos puede causar daño". Entonces confiamos,
surge el Amor, y nos mueve maravillas por dentro como todos habremos experimentado
alguna vez.
En la confianza el Amor encuentra terreno
fértil, y viceversa, en el Amor la confianza encuentra terreno fértil.
Por eso la persona que ama confía ciegamente, y se la engaña
fácil. Vemos esos casos de engaño en la pareja, que uno piensa:
“cómo puede ser que no se dé cuenta que el marido o la mujer,
lo está engañando, si es tan obvio”. Pero, claro, esa persona
está confiada porque ama.
Pero sucede que la confianza se pierde
frecuentemente. Por muchas razones, no solo porque descubrimos un engaño
de parte del otro, sino por cientos de razones: el otro nos defrauda, el
otro nos agrede, el otro es irresponsable, el otro no es honesto, etc.
En el preciso momento que perdemos la confianza,
cerramos definitivamente esa sutil compuerta, y el Amor, nunca más
podrá expresarse por ese canal.
DANIEL ILARI
- 1999
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